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Nueva ortografía de la lengua española

Como se ha publicado en distintos medios de comunicación se está ultimando la elaboración de la nueva edición de la “Ortografía de la lengua española”. La Comisión Interacadémica, se reunión  en San Millán de la Cogolla del 1 al 3 de noviembre pasados, dando los últimos retoques a los dictámenes que ahora deberán estudiar las veintidós instituciones que componen la “Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).”  El siguiente paso se dará en Guadalajara (México), el 28 de noviembre, tras el  debate final se aprobará el nuevo texto y se publicará a finales de Diciembre.

El académico coordinador de la obra, el español Salvador Gutiérrez Ordóñez, ha avanzado algunas de las propuestas debatidas. Sus declaraciones y, digamos, filtraciones, han causado un gran revuelo en distintos medios de comunicación, foros, blogs…El tema no es baladí, el mundo hispanohablante es extremadamente extenso, el español presenta variedades fónicas, morfológicas, sintácticas y léxicas en función, no sólo del país, si no incluso de la región. Sin embargo, comparte unas mismas normas ortográficas. Así pues, algo tan vivo como la lengua debe estar periódicamente revisada y actualizada, adaptándola a los diversos movimientos, sociales, culturales e incluso económicos. Debe ser difícil mantener una coherencia y una unidad en un tema tan influenciado por el entorno como es la lengua.

Desde 1741 la Real Academia Española (RAE) viene realizando distintas ediciones de la “Ortografía de la lengua española”. La obra tiene un carácter  esencialmente normativo en la que se exponen las reglas de escritura, complementadas con normas orientadoras destinadas a facilitar su enseñanza y aprendizaje. La aportación de las distintas academias de los países hispanohablantes asociados ha originado la búsqueda de la uniformidad lingüística en todo el entorno al que es afecto. Los as­pec­tos más no­ve­do­sos de esta edi­ción, según la RAE, son los si­guien­tes: Or­to­gra­fía ra­zo­na­da, am­plia, ex­haus­ti­va, cohe­ren­te, sim­ple, mo­der­na y pan­his­pá­ni­ca.

Los cam­bios más lla­ma­ti­vos que in­tro­du­ce la nueva Or­to­gra­fía han sido divulgados por distintos medios de difusión al hilo de las declaraciones del coordinador de la obra. Según se ha publicado tenemos:

La i grie­ga será ye. Al­gu­nas le­tras de nues­tro al­fa­be­to re­ci­bían va­rios nom­bres […] La nueva Or­to­gra­fía pro­po­ne un solo nom­bre para cada letra: be para b; uve para v; doble uve para w; ye para y (en lugar de i grie­ga). […] Por su­pues­to, la desa­pa­ri­ción de la i grie­ga afec­ta tam­bién a la i la­ti­na, que pasa a de­no­mi­nar­se sim­ple­men­te i.

Ch y ll ya no son le­tras del al­fa­be­to. Desde el siglo XIX, las com­bi­na­cio­nes de le­tras ch y ll eran con­si­de­ra­das le­tras del al­fa­be­to, pero ya en la Or­to­gra­fía de 1999 pa­sa­ron a con­si­de­rar­se dí­gra­fos, es decir, “sig­nos or­to­grá­fi­cos de dos le­tras”. Sin em­bar­go, tanto ch como ll per­ma­ne­cie­ron en la tabla del al­fa­be­to. La nueva edi­ción los su­pri­me “for­mal­men­te”. Así, pues, las le­tras del abe­ce­da­rio pasan a ser 27.

Solo café solo, sin tilde. Hay dos usos en la acen­tua­ción grá­fi­ca tra­di­cio­nal­men­te aso­cia­dos a la tilde dia­crí­ti­ca […]. Esos dos usos son: 1) el que opone los de­ter­mi­nan­tes de­mos­tra­ti­vos este, esta, estos, estas (Ese libro me gusta) fren­te a los usos pro­no­mi­na­les de las mis­mas for­mas (Ese no me gusta). 2) El que mar­ca­ba la voz solo en su uso ad­ver­bial (Lle­ga­ron solo hasta aquí) fren­te a su valor ad­je­ti­vo (Vive solo).

Como estas dis­tin­cio­nes no se ajus­ta­ban es­tric­ta­men­te a las re­glas de la tilde dia­crí­ti­ca (pues en nin­gún caso se opone una pa­la­bra tó­ni­ca a una átona), desde 1959 las nor­mas or­to­grá­fi­cas res­trin­gían la obli­ga­to­rie­dad del acen­to grá­fi­co úni­ca­men­te para las si­tua­cio­nes de po­si­ble ambigüedad (Dijo que ésta ma­ña­na ven­drá / Dijo que esta ma­ña­na ven­drá; Pa­sa­ré solo este ve­rano / Pa­sa­ré solo este ve­rano). Dado que tales casos son muy poco fre­cuen­tes y que son fá­cil­men­te re­suel­tos por el con­tex­to, se acuer­da que se puede no til­dar el ad­ver­bio solo y los pro­nom­bres de­mos­tra­ti­vos in­clu­so en casos de po­si­ble ambigüedad”, esto dice la co­mi­sión de la nueva Or­to­gra­fía, que, eso sí, no con­de­na su uso si al­guien quie­re uti­li­zar la tilde. Café para todos. No obs­tan­te, la RAE lleva dé­ca­das pre­di­can­do con el ejem­plo y desde 1960, en sus pu­bli­ca­cio­nes no pone tilde ni a solo ni a los de­mos­tra­ti­vos

Guion, tam­bién sin tilde. Hasta ahora, la RAE con­si­de­ra­ba “mo­no­sí­la­bas a efec­tos or­to­grá­fi­cos las pa­la­bras que in­cluían una se­cuen­cia de vo­ca­les pro­nun­cia­das como hia­tos en unas áreas his­pá­ni­cas y como dip­ton­gos en otras”. Sin em­bar­go, per­mi­tía “la es­cri­tu­ra con tilde a aque­llas per­so­nas que per­ci­bie­ran cla­ra­men­te la exis­ten­cia de hiato”. Se podía, por tanto, es­cri­bir guion-​guión, hui-​huí, riais-​riáis, Sion-​Sión, truhan-​truhán, fie-​fié… La nueva Or­to­gra­fía con­si­de­ra que en estas pa­la­bras son “mo­no­sí­la­bas a efec­tos or­to­grá­fi­cos” y que, cual­quie­ra sea su forma de pro­nun­ciar­las, se es­cri­ban siem­pre sin tilde: guion, hui, riais, Sion, truhan y fie. En este caso, ade­más, la RAE no se li­mi­ta a pro­po­ner y “con­de­na” cual­quier otro uso. Como dice Sal­va­dor Gu­tié­rrez Or­dó­ñez, “es­cri­bir guión será una falta de or­to­gra­fía”.

4 o 5 y no 4 ó 5. Las vie­jas or­to­gra­fías se pre­pa­ra­ban pen­san­do en que todo el mundo es­cri­bía a mano. La nueva no ha per­di­do de vista la mo­der­na es­cri­tu­ra me­cá­ni­ca: de la ya ve­tus­ta má­qui­na de es­cri­bir al or­de­na­dor. Hasta ahora, la con­jun­ción o se es­cri­bía con tilde cuan­do apa­re­cía entre ci­fras (4 ó 5 mi­llo­nes). Era una ex­cep­ción de las re­glas de acen­tua­ción del es­pa­ñol: “era la única pa­la­bra átona que podía lle­var tilde”. Sin em­bar­go, los te­cla­dos de or­de­na­dor han eli­mi­na­do “el pe­li­gro de con­fun­dir la letra o con la cifra cero, de ta­ma­ño mayor”.

Catar y no Qatar. Aun­que no siem­pre lo fue, re­cuer­da el coor­di­na­dor de la nueva or­to­gra­fía, la letra k ya es ple­na­men­te es­pa­ño­la, de ahí que se eli­mi­ne la q como letra que re­pre­sen­ta por sí sola el fo­ne­ma /k/. “En nues­tro sis­te­ma de es­cri­tu­ra la letra q solo re­pre­sen­ta al fo­ne­ma /k/ en la com­bi­na­ción qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la es­cri­tu­ra con q de al­gu­nas pa­la­bras (Iraq, Qatar, quó­rum) re­pre­sen­ta una in­con­gruen­cia con las re­glas”. De ahí que pase a es­cri­bir­se ahora: Irak, Catar y cuó­rum. ¿Y si al­guien pre­fie­re la gra­fía an­te­rior: “De­be­rá ha­cer­lo como si se tra­ta­se de ex­tran­je­ris­mos cru­dos (Qatar y quo­rum, en cur­si­va y sin tilde)”.

 

Desde el desconocimiento, y sin querer emendar la plana a nadie, creo que lo que se ha publicado son, en general, ajustes en la ortografía de carácter menor, sin que sea una revolución lingüística que atente contra lo razonable.

Que determinadas letras cambien su nombre, como la “y”, la “v” o la “w”, o que las letras “compuestas”, “ll” o “ch” dejen de tener cabida en el abecedario por no ser consideradas letras únicas no parece que sea algo para rasgarse las vestiduras. Probablemente los que nos hemos educado llamando a la “y”- y griega- lo sigamos haciendo y no pase nada, supongo que los españoles nos tendremos que adaptar al resto de países que la llaman “ye” y deben ser mayoría.

El tema de los extranjerismos es relativo, entiendo que se utilicen letras plenamente de  nuestro idioma si representa el mismo fonema, si bien es cierto que lo lógico sería aplicar la grafía de los nombres propios lo más cercana al original. Pero ahí puede que sea más coherente la defensa de nuestras letras para un mismo sonido, no tengo criterio.

En cambio, otras de las nuevas normas sí que me parecen poco eficaces, cuanto menos, incluso me parecen ciertamente peligrosas a la hora de comunicarnos por escrito o entender las frases que leemos.  Hasta ahora, el ad­ver­bio “solo” y los pro­nom­bres de­mos­tra­ti­vos “este”, “ese”, etc., se uti­li­za­ban con tilde para evitar confusiones en las frases, la tilde daba coherencia a lo que se quería decir y evitaba errores de interpretación. Eliminar la tilde de esas palabras tendrá como consecuencia que no seamos capaces de entender el significado de determinadas frases. Cuando leamos “quiero un café solo”, ya no sabremos si es sin leche o que no quiero nada más. La Aca­de­mia esgrime el argumento de que son casos poco frecuentes y que el contexto resuelve la duda. Desde luego el ejemplo indicado es significativo y como ése (desde el año próximo ese),  hay muchos casos en los que es im­po­si­ble dis­tin­guir el sig­ni­fi­ca­do por el con­tex­to. Al menos hemos de agradecer que no condene su uso y se pueda seguir utilizando, quizá en la ortografía definitiva cambien de idea.

También entiendo que podrá ser causa de confusión quitar la tilde de la “o” entre números, no todo el mundo escribe en ordenador, alguno aún tiene cuaderno y bolígrafo, alguno escribe cartas manuscritas. Al margen de eso en función de la tipografía que empleemos en el ordenador es posible aún confundir el cero con la “o”, dando lugar a equívocos.

El tema del hiato y la desaparición de la tilde pues no lo veo, si la hago monosílaba me suena mal y me cuesta leerla,  “guion” para mí no es “guión”

El lenguaje es algo vivo, hay doctos en la materia que lo cuidan, que lo miman y que lo adaptan a los nuevos tiempos. Si bien, a veces, determinados cambios no son del gusto y del agrado de todos. Como he dicho anteriormente parece que las modificaciones, al menos en lo que conozco, no son muy importantes, salvo las que indico con anterioridad y no me gustan. Veremos el resultado de los estudios cuando salga a la luz el nuevo volumen de la  ortografía y como afecta al lenguaje escrito. Nuestro lenguaje, el que comparte tantos millones de hispanohablantes tiene mucha salud, mucha vida y está en constante evolución. Esperemos que la evolución no signifique un detrimento del entendimiento por eliminar determinadas reglas que hasta ahora, entiendo, funcionaban bien y cumplían con la misión de hacer el lenguaje escrito un medio de comunicación sencillo y entendible.

 

 

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A ver, que “haber” no es lo mismo que “a ver”

Hoy me apetece escribir acerca del idioma, del castellano o español que no sé muy bien como nombrarlo. Al fin y al cabo el español en su acepción de lengua universal es una derivación clara del castellano, aún con aportaciones de otras regiones de España. Pero está claro que esto puede herir susceptibilidades, alguna bastante infantil según mi opinión, puesto que tanto el catalán, el gallego, el euskera, etc., son lenguas habladas por españoles, aunque como algunos no se consideran españoles…ufff un lío, “La España invertebrada” que no nos abandona que decía Ortega y Gasset. También es cierto que eso no es un hecho puntual y característico de la idiosincrasia nacional, lo mismo o parecido se da en Francia, Gran Bretaña, Alemania, China y muchos más países con suficiente historia, tradición y cultura. Al fin y al cabo las naciones las componen una serie de pueblos que se han ido organizando en estados independientes, por cuestiones geográficas, estratégicas, sociales… pero que mantienen tradiciones, costumbres que aún, a pesar de la globalización, les mantienen en ciertos sentidos diferenciados y diferentes. Tampoco tiene sentido hacer un debate de algo que los expertos tienen más o menos claro:

Español: Para designar la lengua común de España y de muchas naciones de América, y que también se habla como propia en otras partes del mundo, son válidos los términos castellano y español. La polémica sobre cuál de estas denominaciones resulta más apropiada está hoy superada. El término español resulta más recomendable por carecer de ambigüedad, ya que se refiere de modo unívoco a la lengua que hablan hoy cerca de cuatrocientos millones de personas. Asimismo, es la denominación que se utiliza internacionalmente (Spanish, espagnol, Spanisch, spagnolo, etc.). Aun siendo también sinónimo de español, resulta preferible reservar el término castellano para referirse al dialecto románico nacido en el Reino de Castilla durante la Edad Media, o al dialecto del español que se habla actualmente en esta región. En España, se usa asimismo el nombre castellano cuando se alude a la lengua común del Estado en relación con las otras lenguas cooficiales en sus respectivos territorios autónomos, como el catalán, el gallego o el vasco.»

[RAE: Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Santillana, 2005, p. 271-272]

En cualquier caso no es de eso sobre lo que quería escribir, mi intención era otra. A todos y todas nos llegan correos electrónicos con faltas de ortografía o con errores gramaticales, lo mismo ocurre al entrar a leer foros de opinión o en algunas publicaciones en Internet como estos mismos cuadernos de bitácora. A pesar de que hay muchos errores iniciales que se corrigen con las herramientas disponibles en los procesadores de textos que utilizamos, algunas, por sus especiales características, no son filtradas y se convierten en un estigma para la lengua. Quizá no sea yo el más indicado para tratar el asunto, intento poner atención pero supongo que cometeré errores, aunque espero que no sean del calado de los que voy a enumerar. No estoy hablando de errores ortográficos debidos a que 10 dedos son muchos para un teclado y se nos escapan algunas letras o tildes por torpes, hablo de conceptos y de conocimientos básicos. En concreto hay dos que me martirizan cuando las veo, incluso alguno me ocasiona perder la concentración al leer el texto. Podría hablar de errores en la distinción de significados, comentar por contar, catástrofe humanitaria por catástrofe humana, efectivos por combatientes, vigente por actual, especies por especias, islamista por islámico, escuchar por oír, envergadura por corpulencia; pero hay uno en particular que me exaspera,  utilizar “haber” en lugar de ”a ver”. Cuántas veces nos hemos encontrado con este error de concepto al leer artículos, correos, foros. ¿Tan difícil es entender la diferencia? Ya es cuestión de sentido común.

  • “haber”

Puede ser un verbo o un sustantivo: · Como verbo, haber se usa como auxiliar, seguido de un participio, para formar los infinitivos compuestos de la conjugación. También se emplea como infinitivo del verbo impersonal que denota la presencia o existencia de lo designado por el sustantivo que lo acompaña  Como sustantivo, haber es masculino y significa, en general, ‘conjunto de bienes o caudales de una persona’:

  • “a ver”

Se trata de la secuencia constituida por la preposición a y el infinitivo verbal ver:

Como expresión fija, presenta distintos valores y usos: · En tono interrogativo, se emplea para solicitar al interlocutor que nos deje ver o comprobar algo:

—Mira lo que he comprado. —¿A ver?.

· Expresa, en general, expectación o interés por saber algo, y va normalmente seguida de una interrogativa indirecta: A ver cuándo nos dan los resultados.

· Se utiliza para llamar la atención del interlocutor antes de preguntarle, pedirle u ordenarle algo: A ver, ¿has hecho lo que te dije? A ver, trae el cuaderno.

· Equivale a claro o naturalmente, como aceptación de algo que se considera inevitable: —Pero ¿al final os vais? —¡A ver! Si no lo hacemos, perdemos el dinero de la reserva.

· Delante de una oración introducida por la conjunción si, expresa, bien expectación, curiosidad o interés, a veces en forma de reto; bien temor o sospecha; bien deseo o mandato: ¡A ver si adivinas lo que estoy pensando! A ver si te caes. A ver si eres más organizado de ahora en adelante.

En muchos de estos casos la secuencia a ver puede reemplazarse por veamos, lo que pone de manifiesto su relación con el verbo ver y no con el verbo haber: A ver con quién aparece mañana en la fiesta [= Veamos con quién aparece mañana en la fiesta]. A ver si te atreves a decírselo a la cara [= Veamos si te atreves a decírselo a la cara].

El otro error que me molesta es el mal uso o desconocimiento del acento diacrítico. Aunque no se conozca el término, deberíamos saber utilizarlo Según la definición de la Wikipedia

Se denomina acento diacrítico a la tilde que se emplea para distinguir significados en pares de palabras, habitualmente monosílabas, de las cuales una es regularmente tónica, mientras que la otra átona en el habla, marcando el acento de la tónica. Las palabras que forman estos pares pueden tener el mismo origen etimológico (por ejemplo más y mas, ambas del latín MAGIS), o pueden ser de etimología distinta (por ejemplo mi, apócope de mío, del latín MEUS y , del latín MIHI o MĪ).

No se usa, sin embargo, el acento diacrítico cuando palabras con la misma escritura son tónicas y no tienen una (o más) correspondientes átonas. Por ejemplo ve del verbo ver (tercera persona singular el presente de indicativo) y ve del verbo ir (segunda persona singular del imperativo) no se diferencian con tilde diacrítica, puesto que ambas son tónicas en el habla. No obstante, en el caso de de saber y de ser (imperativo), ambas formas deben llevar tilde, porque hay que distinguirlas de la forma átona se (pronombre personal).

El problema es que, al no usar bien ese signo ortográfico, estamos leyendo cosas distintas a las que han intentado expresar, simplemente porque suenen igual. La mayoría son de primer grado de la extinta EGB, creo, pero como aún se leen tales barbaridades las indicaré aunque en letra pequeñita. Para no crear mucho malestar, las dejaré impresas como un accidente menor.

Ahí ,  ¡Ay! y Hay
Ahí: sirve para indicar una dirección, un lugar. Hay: viene del verbo HABER, por lo tanto se escribe con hache y significa que existe algo. ¡Ay!: es una exclamación, esto significa que lo utilizarás cuando ocurra algo sorpresivo.
Ahí hay un coche rojo. ¡Ay! Me dí un golpe.
Tú y Tu
Tú: hace referencia a tu interlocutor (segunda persona). Es un pronombre, por lo que siempre va a usarse cuando quieras indicar a alguien. Tu: lo utilizarás cuando quieras indicar que una segunda persona posee algo.
¡Solamente tú puedes salvar al mundo con tu pistola laser!
El y Él
El: es un artículo (igual que la, los y las). Él: éste es otro pronombre y al igual que “tú”, se utiliza cuando hagas referencia a alguien.
Él tiene el coche rojo.
Mas y Más
Mas: sin acento es una conjunción, esto quiere decir que une dos oraciones (equivale a: pero, aunque, sin embargo, no obstante, antes bien). Más: adverbio de cantidad, significa que al comparar dos cantidades o medidas una será mayor.
Quisiera un coche rojo, mas tengo que conformarme con el mío a no ser que gane más dinero.
Que, Quien, Como, Donde, Cuando y Qué, Quién, Cómo, Dónde, Cuándo
Aunque parezca confuso, estos son los más fáciles de distinguir: si utilizas signos de admiración (¡!) o interrogación (¿?)… entonces ¡ponle tilde! Otra forma de saber si le pones o no le pones acento es preguntándote: ¿me refiero a una pregunta o exclamación? Si la respuesta es sí, entonces ponle tilde.
Este/Esta, Aquel (y similares) y Esté/Está vs Éste, Aquél (y similares)
No llevan acento cuando a lo que te estás refiriendo se encuentre seguido inmediatamente (o en la misma oración) del pronombre. Llevan acento cuando el objeto, persona o lugar se encuentra atrás del pronombre, por ejemplo, en una oración antecesora de donde estás usando la palabra ‘este’, ‘aquel’, etc. Las únicas excepciones son ESTO, ESO, ESTOS y ESTOS ya que NUNCA SE ACENTÚAN.
Cuando se acentúan funcionan como pronombres; cuando no se acentúan funcionan como artículos.
Este perro me mordió y se lo dije a éste. No es aquel coche, es aquél.

En definitiva, nuestro lenguaje se sustenta en reglas claras y concisas, reglas pactadas y que evidentemente evolucionan con el mismo lenguaje puesto que, en cierta manera, tiene vida propia, muta, cambia, se adapta a nuestras necesidades de comunicación. Pero como medio de comunicación debemos usarlo con la mayor precisión posible. Es cierto que todos cometemos errores, que hay que ser un experto para manejar un lenguaje tan rico como el nuestro sin equivocarse, pero tan cierto es eso como que al menos debemos intentar cumplir las normas más básicas. No cuesta tanto poner un poco de atención en algo que es a la vez fuente de intercambio de ideas como fuente de riqueza en si mismo.

Y que San Lázaro Carreter me perdone por los errores cometidos y guíe mis pasos en el futuro. El que quiera comunicarse como si tuviera dos pulgares y un móvil en medio que lo haga pero que no cuente conmigo. Después de miles de años de evolución, el propio progreso tecnológico nos abre el camino de la involución lingüística y de ahí a la barbarie va un paso…. A las barricadas, a las barricadas..

Negras tormentas agitan los aires,
nubes oscuras nos impiden ver,
aunque nos espere el dolor y la muerte,
contra el enemigo nos llama el deber.
El bien más preciado es la libertad.
Hay que defenderla con fe y valor.
Alza la bandera revolucionaria,
que del triunfo sin cesar nos lleva en pos.
Alza la bandera revolucionaria,
que del triunfo sin cesar nos lleva en pos.
¡En pie pueblo obrero, a la batalla!
¡Hay que derrocar a la reacción!
¡A las barricadas! ¡A las barricadas
por el triunfo de la Confederación!
¡A las barricadas! ¡A las barricadas
por el triunfo de la Confederación!


Y otro día que pierdo la cabeza escribiendo tonterías…..