Reforma Laboral, otra vuelta de tuerca


Las algo más de 60 páginas que constituyen el Real Decreto 3/2012 suponen un compendio de agresiones a los trabajadores y trabajadoras, tanto para los que tienen un empleo actualmente como para los parados, que, salvo contadas excepciones, no verán una mejora en sus expectativas de conseguir un puesto de trabajo y mucho menos a partir de ahora con unas condiciones dignas. Es una oda a lo precario, a la desregulación, destruye, aniquila derechos, tiende con inquina la balanza de las relaciones laborales hacia el ya pesado plato de la patronal. Tiende a convertir la mano de obra en un mero instrumento de producción, pisotea derechos, cercena las mínimas seguridades y estabilidad necesarias. Sin ser adivino, ni gurú, no va a suponer creación de empleo, todas las partes conocen eso, quizá pueda suponer un trasvase de empleo estable a empleo precario, de empleo de personas de más de 40 años a empleo de jóvenes. Puede que en el mejor de los casos la población activa se rejuvenezca, pero originará claramente dramas sociales, personas que en el final de su vida laboral perderán el puesto de trabajo y no tendrán ninguna expectativa de volver al mercado laboral. Personas que mal vivirán en los últimos años de prestaciones sociales hasta alcanzar una jubilación menguada porque en los últimos años no han cotizado. Los nuevos contratos con indemnización nula para muchos durante el primer año, sin indemnización ni causa necesaria de despido puesto que estarán en periodo de prueba, hará que el mercado laboral se pueble de asustadizos trabajadores siempre amenazados por la Espada de Damocles de la pérdida del recién adquirido puesto de trabajo. La macabra broma de regularizar las causas de despido objetivo supone que las empresas con ganancias netas podrán deshacerse de empleados si sus expectativas de crecimiento no se corresponden con las previstas, reducir ganancias, no ya entrar en pérdidas, legitima al empresario para descargar plantilla indemnizando con 20 días por año trabajado. En ese sentido deja de tener relevancia los 33, o antiguos 45, días por año trabajado de indemnización cuando el despido era declarado improcedente, es decir, cuando el empresario sin causa justificada sacaba fuera del mercado laboral a algunos de sus empleados, ahora encontrar causas objetivas será sencillo. En esas condiciones los empresarios tendrán, a partir de la entrada en vigor del real decreto, trabajadores y trabajadoras más sumisos, ellos los denominarán más productivos, personas con miedo a exigir derechos, a protestar cuando las condiciones laborales no sean las adecuadas, personas que estarán sometidas, aún más si cabe, a las arbitrariedades y los caprichos de los empresarios. Sin miedo a exagerar damos un paso hacia una semiesclavitud encubierta, volvemos al “si señor”, al caciquismo de hace dos siglos.

Aunque el foco de las discusiones y de los recelos se ha centrado en la forma de salir de la empresa, es decir el despido, eso no es lo más trascendente en este Real Decreto. Efectivamente ha sido una reforma agresiva, no por la profundidad de los cambios, que también, si no por el  violento y ofensivo ataque a los trabajadores y trabajadoras en aspectos tan esenciales como la desregularización de las condiciones de trabajo, de salario, de negociación. Esta ley es un atentado contra los derechos de los trabajadores y trabajadoras en el sentido de que no sólo no se tendrá estabilidad en el empleo, fundamental, si no que además no se tendrá estabilidad en las condiciones laborales, el descuelgue de los convenios que ya ha sido caballo de batalla en otras negociaciones es un hecho sin ambigüedades en esta ley. El Convenio Colectivo pasa a ser papel mojado, sólo cuando la empresa vaya bien, mejor dicho, cuando el empresario decida que es oportuno conservarlo, los acuerdos entre trabajadores y empresario se mantendrán. El empresario tendrá casi manos libres para cambiar las condiciones pactadas, y aquí conocemos los distintos tipos de empresas y empresarios. No porque pensemos que los empresarios son malos por naturaleza, si no porque su objetivo claro es obtener ganancias, tener beneficios, son insaciables en ese sentido, y los trabajadores y trabajadoras con derechos son para ellos son un mal necesario y cuantos menores sean las responsabilidades que adquieren para con ellos mejor. En este sentido el gobierno del PP da una vuelta más de tuerca obligando a los negociadores de los convenios colectivos a dotarse de mecanismos de arbitraje, imagino que antes de crear una ley de huelga que seguro hace en los próximos meses, con el fin de evitar conflictos cuando al empresario se le ocurra olvidarse de las condiciones pactadas en Convenio. Si no se llega a acuerdo con los representantes de los trabajadores habrá un procedimiento de arbitraje, todo menos llegar a las pocas medidas que tienen los trabajadores y trabajadoras para incidir en el cambio de paso en una negociación, una de las pocas herramientas y además es una que a ningún trabajador le gustaría utilizar, la huelga. Con esta ley además de dejar las manos libres al empresario para hacer y deshacer en su empresa, se menoscaba el trabajo de los representantes de los trabajadores y además se tiende a evitar la que se utilice alguna de las herramientas de defensa de los derechos o de las reivindicaciones de los trabajadores y trabajadoras dejando en última instancia la decisión a personas externas, a jueces seguro que del tipo que declara no culpable al honorable Camps y declara culpable al rojo Garzón.

También en este real decreto se da vía libre a los empresarios para solicitar y ejecutar EREs, hasta ahora la autoridad laboral debía autorizar esta medida excepcional para adecuar la carga de trabajo a la capacidad de la empresa, para autorizar los despidos colectivos. Hasta la aprobación de esta ley era necesaria como digo la aprobación de la administración, para evitar conflictos de todos era sabido que era más sencillo la autorización de un ERE ya fuese de suspensión temporal de empleo como de extinción si había acuerdo entre el empresario y la representación legal de los trabajadores. Eso suponía llegar a pactos beneficiosos para los trabajadores y trabajadoras, al menos limitaba considerablemente los efectos que el ERE podía producir. A partir de ahora tendremos EREs mucho más conflictivos sin duda en las empresas donde haya una representación de los trabajadores con fuerza y habrá una mayor precariedad y desamparo en el resto de empresas. Los trabajadores y trabajadoras pasan a ser meros espectadores de las decisiones del empleador. Mucho se habla de las condiciones de las relaciones empresas-trabajadores en los países más desarrollados de Europa, se habla de que el mercado laboral español es muy rígido, ahora se da manga ancha a los empresarios y se niega el poder de negociación a los representantes de los trabajadores. No se dice en cambio que en países como Alemania los representantes de los trabajadores tienen sindicatos unitarios sectoriales con unas infraestructuras y un poder de negociación tal que incluso en algunos casos son coparticipes en las decisiones empresariales, tienen voz y voto en las juntas directivas, existe la cogestión. Desde esos mismo países se nos acusa de rigidez y se pretende que nos convirtamos, aún más si cabe, en un corralito de mano de obra barata y sin derechos para el beneficio de las grandes multinacionales que tienen sus cuarteles generales en esos países que lideran las economías mundiales. Qué mejor que tener dentro de su influencia geográfica mano de obra barata y sin derechos para el mayor beneficio de sus empresas.

El decreto ley da para escribir mucho más, aquí sólo estoy trasladando mis primeras impresiones, es un documento que no tiene desperdicio y espero que haya mucho debate en la sociedad y una respuesta adecuada a este atentado tan alevoso como inútil si lo que pretende, que no, es minorar la lacra del desempleo. Salvo los más ciegos y acérrimos seguidores del PP espero que el resto sea capaz de ver a donde nos lleva este gobierno. De momento tampoco han hecho nada que me sorprenda, son políticas de derecha, sus políticas, que sólo puede desconcertar a los que viven en los mundos de Yupi y se hayan dejado encandilar por unos cantos de sirena embaucadores y tramposos. Siempre digo que un currito que vote a la derecha, y soy consciente que han sido muchos millones, es que sólo tiene el perdón de la ignorancia, que es muy osada, pero a veces hasta esa comprensión se la negaría.

Hay muchos más puntos para analizar pero esto empieza a ser un tocho muy largo para una entrada, ahora queda hablar someramente de la respuesta. Hablan de una Huelga General, yo creo que les importa una mierda al gobierno y a esos mercados a los que tanto debemos una Huelga General ahora. Un gobierno recién elegido está demasiado entero como para que una medida de ese tipo le cause la mella necesaria. Los mercados, el mismo gobierno, tienen asimilado la posibilidad de esa Huelga y las pérdidas económicas que le vayan a causar. Evidentemente si hay una convocatoria de Huelga General la apoyaré, pero creo que ahora tal y como están las cosas sólo sería una medida para que algunos se justifique y otros la utilizarán también como excusa para explicar que nada ha mejorado. Ahora mismo soy más partidario de un acoso diario, de movilizaciones diarias, de salir todo el mundo a la calle sin pausa. De reflejar la clara confrontación contra las medidas adoptadas, de que haya un clamor popular cada día más enérgico y contundente en contra de lo legislado, que el país sufra un terremoto democrático en las calles de nuestras ciudades. El camino que marcó el 15M es, para mi, básico. No creo que un día de manifestación o un día de Huelga General sean eficaces. El levantamiento de la clase popular es imprescindible, la senda a seguir pasa por no dar cuartel a aquellos que nos fustigan, a aquellos que atentan contra nuestros derechos, a aquellos que utilizan el poder para beneficiar a unos pocos en contra de la mayoría, a aquellos para los que somos simplemente los de abajo, los que nos utilizan para su beneficio. No podemos conformarnos con ser los que pagan las crisis que crean otros, somos los que debemos ostentar el poder, mientras que no seamos consciente de ello no tenemos nada, seguiremos siendo sólo su mano de obra, los que consumen sus productos, los que mantienen sus estatus.

Quizá en los próximos días haya negociaciones y endulcen la ley en el parlamento o bajo determinadas concesiones a los agentes sociales. Sin embargo yo creo que esa ley no hay por donde cogerla, no creo que unos parches cambien en su esencia la agresión que supone. Así pues el único camino es la derogación y eso sólo se podría conseguir si hay una auténtica revolución social, un movimiento ciudadano, un clamor diario popular. Es fácil decir todo esto, es sencillo escribir aparentes trivialidades pero al final si no hay una oposición clara a lo que está ocurriendo nos veremos en nuestras guaridas olisqueando el peligro y esperando que no nos toque y el día que tengamos la mala fortuna de ser parte directamente implicada no nos quedará más que hincar la rodilla y aguantar lo que no hayamos sabido defender con anterioridad.

 

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Publicado el 12 febrero 2012 en Sociedad y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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