Objetivos de Desarrollo del Milenio


Hoy ha comenzado en Nueva York la Cumbre de revisión del progreso de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Una Cumbre que llega tras dos años de crisis mundial, en el que, cada vez más, los fondos dedicados a erradicar la pobreza, los que se debían de dedicar a fomentar las igualdades y en definitiva a subsanar o acortar las diferencias entre los pueblos del llamado primer mundo y los del tercero han ido mermando en cantidad. Por el contrario, las ayudas a entidades financieras, a lobbies, a los gestores del capital de los países más desarrollados han crecido exponencialmente con el discurso amañado y tramposo de que si ellos caían todo sería aun peor y la crisis económica sería aún más crisis social.

Es evidente que empezamos perdiendo, la mayoría de los objetivos del milenio que emanaron de la “Declaración del Milenio” firmada por casi 200 jefes de estado en Septiembre de 2000, en el que se comprometen a luchar contra la pobreza, el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, la degradación del medio ambiente y la discriminación contra la mujer, no van a cumplirse en 2015, fecha límite para alcanzar dichos compromisos.

Los 8 Objetivos de desarrollo del Milenio de los que tanto se habla son:

  • Erradicar la pobreza extrema y el hambre
  • Lograr la enseñanza primaria universal
  • Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer
  • Reducir la mortalidad infantil
  • Mejorar la salud materna
  • Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades
  • Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente
  • Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Una vez leída la Declaración del Milenio y contrastada con los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio, hay un claro desfase entre la ambición inicial de la Declaración del Milenio y la concreción de los ODM.. Mientras que la Declaración del Milenio reconocía que la pobreza es un fenómeno complejo, basado en la falta de poder, no sólo económico si no también social y político, los 8 ODM se han centrado en las necesidades y no en las causas, descafeinando la esencia de la Declaración que los engendró.

Para  erradicar la pobreza hacen falta cambios estructurales que no aparecen en los 8 OMD, hay que combatir las causas que la motivan, no incidir sobre sus consecuencias. No se toma en consideración las voces de los que sufren las desigualdades, no se tiene en cuenta las causas, los aspectos de sostenibilidad, ni tiene en consideración que las personas afectadas participen con voz y voto en las decisiones que les afectarán.

No todo es negativo, ni mucho menos, evidentemente iniciativas de este tipo, aunque no sean tan ambiciosas como debían, han hecho mejorar aspectos como el acceso al agua potable, la lucha contra el hambre, acceso a servicios de saneamiento, la salud maternoinfantil o mejoras en la igualdad de género. Los progresos son lentos, más aún en épocas de crisis, pero al menos algo se ha avanzado, no obstante siempre hay que ser ambicioso y exigir a los gobernantes, exigirnos a todos nosotros y nosotras que avancemos en esos objetivos, aunque parezca un contrasentido, invertir en el llamado tercer mundo, en los países con pobreza extrema asegura también el mantenimiento de los estados del bienestar de los países más desarrollados.

Nosotros como ciudadanos y ciudadanas de a pie tenemos como deber presionar a nuestros gobernantes, a nuestros representantes, para que cumplan sus compromisos, ya sé que en estos momentos de crisis, de incertidumbre en nuestra propia sociedad parece que esos problemas están muy lejanos, pero realmente están más cerca de lo que pensamos. No hay varios mundos, hay uno sólo y cada vez es más evidente que lo que ocurre en cualquier parte de él nos afecta a todos. No es una cuestión de solidaridad, que también, si no que es un tema de compromiso e incluso de autoayuda, en este mundo estamos todos más unidos de lo que creemos, está cada vez todo más interrelacionado, la pobreza de los países más necesitados es el germen que puede acabar con las sociedades más avanzadas. Si no presionamos por ellos hagámoslo por nosotros, por nuestros descendientes. Cada vez las fronteras son más débiles y aunque algunos se empecinen en fortalecerlas, en crear divisiones entre ricos y pobres, entre etnias, entre distintas culturas, al final todos somos seres humanos que compartimos un territorio prestado, un territorio que tiene limitaciones, el planeta Tierra pertenece a todos nosotros y nosotras por mucho que unos se crean con más derechos que el resto.

Al hilo de todo esto me gustaría recomendar dos libros que a mi me parecieron muy interesantes, muy ilustrativos y educativos, ambos son de Susan George,  presidenta del comité de planificación del Transnational Institute de Ámsterdam, filósofa y analista política. Entre 1999 y fines de 2006 actuó como vicepresidenta de ATTAC Francia ( Fuente Wikipedia). Los títulos de esos libros son: Informe Lugano y Otro mundo es posible si…

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Publicado el 20 septiembre 2010 en Sociedad y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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