El retrato de Dorian Gray


Hace unos días estuve viendo la nueva versión del Retrato de Dorian Gray. La verdad es que la película está bastante pasable, se hace entretenida, quizá deja algo de lado los fundamentos últimos del por qué, de los motivos que llevan al protagonista a convertirse en lo que finalmente se transforma. Supongo que la esencia de la obra de Óscar Wilde no puede encorsetarse en un simple psicothriller, pero el resultado distrae. El director prefiere construir la película entorno a un espectáculo visual que no profundiza en los condicionantes, alicientes y motivos que marcan la historia. Prefiere hacer un puzzle inconcluso, algo superficial que debemos montar atendiendo a lo que suponemos que pasa por la mente, por el corazón y por el alma del protagonista.

La película me hizo reflexionar acerca de la bondad de las personas, de por qué buscamos o no mantenernos dentro de unas normas de conducta. Buscamos el placer, buscamos sentirnos bien, pero hay unas reglas que ponen límites a nuestras acciones. Qué ocurre si esos límites desaparecen, si no hay castigo, si sólo existe el yo y lo que nos rodea es simplemente algo para nuestro servicio. Confiamos en las apariencias, en la imagen exterior, nunca podemos conocer el alma, la mente, de quien está a nuestro lado.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Es un dicho arraigado en el saber popular, lo conocemos, lo hemos oído muchas veces pero como todo lo que tenemos cerca, como todo lo cotidiano lo recordamos cuando ya es tarde. Siempre que nos ocurre algo echamos la vista atrás y encontramos multitud de señales, multitud de pistas, que si las hubiéramos querido hacer caso nos hubiera evitado males mayores. La confianza es la mayor aliada de la ceguera, dicen que la justicia es ciega pero realmente la justicia suele ser tramposa, siempre tiene un ojo abierto con el que realmente toma las decisiones, es la confianza la que tapa ojos, oídos y razonamiento.

Cuando nos mostramos expectantes, vigilantes y cautos se nos llaman desconfiados, se nos ofenden porque debemos confiar en la gente que queremos. Cuando traicionan esa confianza nos damos cuenta lo tontos o tontas que fuimos por dejarnos llevar por cantos de sirena, por no haber seguido nuestro instinto de supervivencia y pensar que los que nos rodean se merecen el respeto que querríamos para nosotros mismos. Pero no siempre quienes nos rodean son como nosotros, a veces la zorra está acechante para robar nuestras gallinas, y somos tan ilusos que incluso la ponemos a cuidarlas el aspecto virginal de Gray le permite acercarse sin dificultad a sus víctimas. Reflexionando sobre la confianza y el engaño uno se da cuenta de que cuanto más confías en alguien la losa del engaño es exponencialmente más pesada.

Es difícil sacarte esa piedra que te atormenta, que te pesa como si sólo te hubiera ocurrido a ti. Es curioso comparar el engaño con una losa, como si la muerte de determinadas virtudes, de ciertos valores personales, las llevaran irremediablemente a un lúgubre cementerio cuya tumba estuviera sellada por la lápida más pesada y con su muerte dejase más espacio para otra forma de afrontar la vida donde la maldad, el egoísmo y el interés personal se convirtiesen en referentes vitales.

Zombie no es sólo es que vive tras la muerte, zombie es el que muere en vida, el que deja de sentir, el que deja de querer vivir, Dorian Gray va muriendo en su retrato aunque  él siga siendo puro y joven  a los ojos de los que le rodean. Arrancados los valores más nobles el terreno está abonado para los más execrables, Todo lo que toca muere, marchita, las manos limpias que antes buscaban acariciar la bondad se convierten por fuer del destino en manos leprosas que infectan lo que tocan. Da igual hacer daño, da igual hacer sufrir y que sufran a tu lado, es lo que Dorian Gray aprende, necesita, busca desesperadamente, es el camino que le ha mostrado para transitar su maestro Henry Wotton, aunque en la película eso pasa casi desapercibido. Camino quemado a su paso, alcohol, drogas, vicios y desmanes que no tiene que ocultar puesto que su imagen distorsionada no refleja lo que sus actos hacen. Quizá conocer que  lo único por lo  que sintió amor desapareció por su culpa, quizá le enseñó que lo más importante es uno mismo y los medios y las maneras de conseguirlo son sólo circunstanciales.

Dorian Gray da gracias a su destino, gracias a su nuevo concepto de vida, de mundo, de life motive, gracias por la coraza, aunque nosotros sepamos que debe pedir perdón por el resultado. La soledad irreal que siente se convierte al final en soledad cierta cuando la podredumbre que le rodea, que es parte de él, aleja lo poco bueno que encuentra al final de sus días, pero no puede escapar del submundo de la más absoluta maldad, intenta la redención pero llega demasiado tarde. Dorian Gray cuando pacta su perdición, deja de tener alma, la olvida en un lienzo que absorbe sus grotescas maldades, sólo queda un cuerpo que pide venganza. Lástima que la venganza sea contra el mundo, contra personas que no tienen nada que ver y que están desarmadas porque no esperan encontrarse cara a cara con el diablo.

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Publicado el 29 junio 2010 en Cultura- Ocio y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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